De nuevo en este artículo, queremos seguir nuestra historia sobre el agua en Huelva. Recordando aquella frase de que los pueblos que desconocen la historia están condenados a repetirla, queremos poner en valor que un conocimiento del pasado puede evitarnos la reiteración en el error y que el pasado nos enseña que no basta con conseguir buenas instalaciones, sino que es preciso que estas sean conservadas y gestionadas para que cumplan su función.  Ya hemos hablado sobre las formas en la que los antiguos habitantes de la vieja Onuba transportaban el agua a través de un acueducto subterráneo que se alargaba por los cabezos y a base de pozos.

Como decíamos en la anterior entrada, Huelva tuvo resuelto el suministro de agua hasta el siglo XX cuando, debido a las obstrucciones, el caudal era insuficiente en las fuentes urbanas de San Pedro y otras, como la que se colocó en 1772 en la Plaza de San Juan (actual Plaza de las Monjas) que fue pagada por Diego Márquez Ortiz, teniendo que acudir la población a la Fuente Vieja, que se encontraba a cierta distancia del núcleo habitado. Por aquel entonces, surgieron los aguadores, que repartían agua a domicilio ya no demasiado transparente , debiéndose clarificar en grandes tinajas para que “el cieno se posara en el fondo, antes de usarla” como dice A. J. Martínez Navarro en un artículo del Huelva Información del año 94 “Los aguadores en la noche onubense de los tiempos”.

La sociedad onubense va avanzando y en el siglo XIX, entrando en la modernidad, la ciudad demanda más agua y busca más allá de su perímetro: Norias de Farias y del Palmarete, Pozo Dulce… incluso se realiza alguna prospección en la zona de La Ribera.

Plaza de las Monjas

En estos años, la actividad comercial es fuerte y existe un despertar social, cultural y económico de la ciudad gracias al despegue de las minas de Rio Tinto. Se realizan obras en la ciudad como el muelle de Ferrocarril de Riotinto o la Casa Colón con vistas a la celebración del Cuarto Centenario del descubrimiento de América.

Algunos emprendedores aprovechan la oportunidad de negocio del abastecimiento de agua como los Mora, Vázquez, Sundheim…, que llevan a cabo traídas de agua desde La Ribera o Peguerillas, abriendo pozos profundos, trazando conducciones por las calles y construyendo depósitos reguladores y surtidores para la venta de agua.

Aun así, la demanda social seguía creciendo y pronto estas actuaciones quedaron limitadas tanto por el origen del agua como su capacidad de transporte, distribución o calidad dudosa.

Por ello, el Ayuntamiento en 1911 encarga la construcción de una presa para embalsar el agua en Arroyo Castaño, en el término de Beas. El pantano o dique de Beas, como popularmente se hizo común, está muy ligado a Juan Quintero Báez, Alcalde de Huelva por esa época. Pronto el pantano se vio insuficiente para satisfacer las demandas urbanas acrecentadas con la llegada del Polo en el año 64.

Llegó entonces el final de la vida útil del acueducto que quedó abandonado a su muerte.

Y hasta aquí este capítulo sobre la historia del agua en Huelva, esperamos que si te ha gustado compartas este artículo en tus redes sociales y comentes más abajo.